Ya transcurridas varias horas, me hubiera gustado escribir estas líneas con otro ángulo: Hablar de fútbol. Pero lamentablemente una vez más sentí muchísima vergüenza en esta final. Uno llegaba con la ilusión de ver un buen partido de fútbol, en definitiva que sea una fiesta independientemente de quién gane (que es algo efímero) pero otra vez dimos vergüenza ante el mundo.

Desde esta humilde posición, lejos estoy de creer y de compartir las declaraciones de Tevez y Benedetto, para mí bastantes tribuneras y lejos de otorgarle un manto de tranquilidad a un clima que ya venía caldeado. ¿Quienés somos responsables? Todos, cada uno en su justa medida, desde los organismos de seguridad, las autoridades de los clubes y de CONMEBOL. También nosotros como periodistas (No todos claro) en plantear un escenario de vida o muerte cuando se trata sólo de un partido de fútbol, y trasladar ese mensaje nefasto hacia la sociedad de un tiempo a esta parte.

Lo único que podemos rescatar de la tarde gris es el gesto de River de ser solidario con Boca- Gallardo siendo solidario, con los dirigentes de River que vinieron hacia el vestuario de Boca  (algo que no pasó en 2015, con otra situación totalmente opuesta).

¿Que debería suceder? No lo sé , ni soy quien para juzgar las decisiones. Ya a esta altura importa poco cuando se juegue, y quien gane el partido. Lo único claro y concreto es que como sociedad somos una vergüenza mundial, y dimos una imagen nefasta que nos describe como argentinos.

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